miércoles, 9 de enero de 2013



CUATRO CUENTOS CORTOS EN LAS TABLAS ARITMÉTICAS.
SUMAR: Había una chica menuda con gran inteligencia, ternura y sensibilidad social y humana. Miraba todo lo que ocurría a su alrededor y estaba cada vez más indignada, con ganas de denunciar lo que pasaba y a los culpables. Sin embargo, se sentía débil e impotente para enfrentarse al conjunto de intereses que causaban dolor, malestar y pobreza a tanta gente, y le asombraba la pasividad de la mayoría de los afectados y su credulidad en los cuentos y mentiras que vendían los autores del desastre.
Indagando sobre la realidad descrita llegó a dos conclusiones relacionadas una con otra. La primera conclusión, difusa en su memoria por no haber vivido el inicio del proceso, tenía su origen en la progresiva pérdida de principios y valores de igualdad y justicia social que habían parecido intangibles hasta entonces, pero que las derrotas circunstanciales de los defensores de éstos ante los genios malignos del egoísmo y  posesión y su subsiguiente claudicación ante los principios y valores del régimen adversario, habían creado una nueva situación, en la que desaparecían o diluían los conceptos colectivos de la solidaridad ante los nuevos dioses del individualismo y la posesión. Pensó la chica menuda: cuando uno acepta las políticas antagónicas del otro se ha autoderrotado. La segunda conclusión, consecuente con la primera, fue entender a fondo que su debilidad personal no era un hecho aislado, sino el fruto de la debilidad colectiva y que esto no tenía solución si no se ponía remedio a ésta. Y ni corta ni perezosa empezó a buscar la fuerza en el colectivo de personas perjudicadas, en fase de serlo, o que, simplemente, no aceptaban una situación tan caótica, injusta e indigna, producida por una minoría contra la mayoría. Y sin perder de vista la difícil realidad en que se movía, empezó a contactar con las personas más próximas para  sumar fuerzas poco a poco, ampliar su radio de acción progresivamente y organizar un verdadero revolcón social. Sumar, entender, unirse. Entender, unirse, sumar, desde la honestidad, la dignidad, el sentido colectivo y el desprecio por la ambición y el poder personal. Más adelante ya llegaría conjugar la tabla de multiplicar.

RESTAR: Había un grupo de individuos malos que vivían de robar y engañar y para hacerlo querían anular o rebajar la inteligencia, la bondad y la ternura de todos los buenos. Hacía mucho que estaban empeñados en ello, y aunque habían conseguido avanzar mucho en la práctica material y en el pensamiento de una mayoría de la gente, no estaban seguros del todo, ya que últimamente se habían producido protestas que cada vez eran más amplias, coordinadas y consistentes.  Por tanto, se debían neutralizar éstas y culminar sus objetivos: tener una sociedad dócil dispuesta a creérselo todo. El grupo de malos se camuflaba bien entre la población ya que no se diferenciaba del resto y sus componentes no eran especialmente perversos, pero aplicaban fanáticamente formas de acumular dinero y propiedades en el menor tiempo posible, para enriquecerse personalmente. Y esto siempre se hace a costa del resto. Por eso, cuando se enteraron de que una chica aparentemente insignificante había convencido a mucha gente a unirse y organizarse para cambiar el régimen, pusieron en marcha grupos de mercenarios para neutralizarla a ella y al amplio movimiento que se había levantado, sin pararse en leyes y formas. Y así estamos en un momento en que se está escribiendo el principio de desenlace del cuento, entre los que quieren seguir sumando fuerza para mejorar la vida y los que quieren restar para que todo siga igual.

MULTIPLICAR: (Visión desde el interior del movimiento). Vieron que todo iba mal: la especulación sustituía y hundía la economía; la situación social de la gente empeoraba y la pobreza de amplios sectores pasaba a miseria; la tierra se degradaba a más velocidad; la cultura se banalizaba hasta convertirse en un espectáculo zafio; los servicios públicos, especialmente la salud y la educación, se privatizaban para dar negocio a los ricos,         mientras se reducía su calidad y se tenía que pagar más por ellos; la corrupción se convertía en un hábito natural de funcionamiento en la economía y en la política,  cambiando  la mentalidad de la gente, que la veía como una cloaca y al mismo tiempo continuaba votando a los corruptos. Ante todo ello, unos pocos decidieron cambiarlo todo siguiendo el ejemplo de una chica valiente y menuda que había iniciado el proceso lanzando un emotivo y sencillo mensaje de unidad y coraje. Se convocaron, juntaron y decidieron iniciar la batalla para cambiar las cosas, sin complejos ante la desigualdad de fuerzas e instrumentos frente a los enemigos. Empezaron por el lenguaje, conocedores de que éste había sido adulterado para no decir las cosas como son, cambiaron su actitud personal de pasividad y tolerancia ante la manipulación y las mentiras que los medios de propaganda del régimen destilaban; pasaron, en fin, de la pasividad personal a la entrega solidaria y al principio de fraternidad, y de la pasividad ante la corrupción a su denuncia y a la defensa de la honradez sin sombras. Poco a poco su imagen se fue dibujando en el panorama social y cultural colectivo y vieron, como vemos nosotros ahora, que las mentes, hasta entonces escépticas y cínicas iban cambiando. Estamos ya en la fase de la historia en la que multiplicamos el número y la decisión de los convencidos. 

DIVIDIR: Los malos empezaron a dividirse y enfrentarse entre si, entrando en un principio de desbandada. No se puede dejar engañar el lector por una primera impresión ya que buscarán las formas de parar el golpe, recuperarse, reconstruir sus tácticas y estrategias y volver a la carga, pues no es la maldad intrínseca del ser humano, la tan socorrida “condición humana”, lo que les unía, y les une todavía, sino los intereses de clase y el egoísmo que genera un sistema. Se trata pues de aplicarles permanentemente la tabla de dividir y restar, mientras desarrollamos la de sumar y multiplicar para hacer crecer, fortalecer y hacer irreversible un sistema de relaciones humanas y sociales que no tenga nada que ver con un sentido patrimonial y excluyente de los bienes colectivos. Si esto no pretendiera ser sólo un sencillo ejercicio de realidad-ficción, les diría que el juego de fondo entre los que deben restarse y dividirse y los que necesitan sumarse y multiplicarse, es el juego elemental de la lucha de clases e intereses. Y creo que, siguiendo las orientaciones de algunos maestros, debemos tener la vocación de salvar de su miseria moral hasta a los que están al otro lado de la barrera, aunque ahora les tengamos que dividir, enfrentar y vencer.
Dudo que esto que llamo cuentos, tal cual está escrito, tenga alguna utilidad pedagógica para niños/as. Desearía que fuera visto como una manera más de relación escrita entre los y las que creemos en las tablas de sumar y multiplicar pero no queremos que nos engañen con falsas sumas y números fragmentados en decimales. Fin por el momento.  

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